La Ciudad Arco Iris
Mi vida es horrible, mi mamá quiere que yo sea igual que ella. ¡Igual de horrible! Así que decidí de irme, irme de este mundo. Hoy es el día en que todo cambiará. Moriré en paz. Iré a mi lugar favorito ¡El acantilado!
El viento chiflaba a mí alrededor como un lobo aullando a la luna llena. Mi cabello negro como la noche dio vueltas como un tornado oscuro, la luz de la luna iluminaba mi piel, que brilló como las estrellas. Miré hacia las olas debajo de mi que quebraban con furia hacia el acantilado, en donde, yo estaba parada. Me despedí de mi, mi vida y de mi ser. Cerré mis ojos y salté. Era hermoso, sentirse libre del odio entre las personas, libre de todo. Pronto todo se nubló ante mi vista, y caí a la nada, solamente a la oscuridad. Todavía tenía mis ojos cerrados, cuando pensé que había llegado al cielo. Intente recordar mi vida pasada, pero no lo logre. Por primera vez desde entonces, al abrir mis ojos, la luz me encandilaba. Espere un momento ¡no podía creer lo que veía! ¡Aparecía el “Mundo Perfecto “de las hadas! Un mundo de mucha fantasía y magia.
-Hola- escuche una vocecita que venía detrás de mí. Volteé y vi un ser, un ser hermoso, algo especial.-Hola-repitió. Le quise contestar, pero mi voz no salió de mi boca. Lo volví a intentar, pero nada. De repente me sentí confundida y perdida ¿Cómo es que me voy a comunicar con los diferentes seres que viven aquí? ¿Cómo iba a pedirles ayuda? ¿Cómo voy a sobrevivir con este estado? ¿O ya estaba muerta? Me sentía irrazonable, que ya no hay razón para seguir viviendo aquí. –OH… ¿eres muda? Mmm…ya veo, yo te ayudaré a que la recuperes nuevamente, ven conmigo. ¡Ah! Por cierto mi nombre es Arco Iris.-dijo el pequeño. Arco Iris me había tranquilizado un poco, ya me sentía un poco mejor. Arco Iris era tan pequeño como un conejito. Sus ojos grandísimos como el huevo de una gallina, solo que de color negro. Yo no podía entender la razón, que se llamaba Arco Iris si era completamente blanco. En este mundo todo era de fantasía, tan diferente al de la Tierra. Empezamos a caminar un hermoso camino, pasábamos lagos, ríos, árboles y muchos seres como el pequeño Arco Iris, todos tenían otros colores. Ellos vivían en sus casitas… Pero nosotros seguíamos caminando hasta que llegamos a un acantilado. ¡De repente me empezó a doler la cabeza! Caí de espaldas, me pegué en la cabeza. Memorias empezaron a volar por mi mente, tenía un déja vú. Todas mis emociones llegaron al mismo tiempo. Sentí tristeza, odio, amor, felicidad, todo en el mismo momento. De un segundo al otro el dolor terminó, se paró como si nunca hubiera pasado algo. Arco Iris me sonrió una sonrisa ligera y tranquila. El miró hacia el acantilado y saltó. Respiré hondo y lo seguí. Mientras caía, ¡Vi los colores de un verdadero arco iris! De repente toque el piso con mis pies. Mire a mí alrededor. Era de lo más maravilloso, era increíble. Estaba parada en medio de la ciudad “arco iris.” No de mi pequeño amigo. Sino verdaderamente un arco iris. Todo estaba lleno de colores diferentes y hermosos. Las casas, los árboles, las calles, todo tenía su propio color. Me di vueltas y vueltas hasta que yo ya no podía más.
-¡Allá esta la humana, atrápenla!- Escuche de pronto. Volteé, y vi unas “RATAS ENORMES”, me miraban con furia corriendo hacia mí. Busqué con mi mirada a Arco Iris, el me hizo una señal de correr, corrí pero no era lo mismo que en la Tierra. Me movía en cámara lenta. Era obvio que las ratas me alcanzaron. Me daban miedo, se veían ¡¡TERRORÍFICAS!! Desafortunadamente también alcanzaron a Arco Iris y nos llevaron a fuera de esta maravillosa ciudad a una cueva que era lo contrario, a una cueva oscura donde ¡goteaba sangre del techo! Empecé a llorar. Ahora mire de donde goteaba toda esa sangre. Era sangre de humanos como “YO “, que estaban acostados sobre el piso frió de la cueva. – ¿Ves esto pequeña humana?- me preguntó una de las ratas. – ¿Quieres verte en este lugar tirada muriendo de dolor y sangrando como todos ellos?- Volteaba mi cabeza, intentando decirles “NO”. Todas las ratas se miraban entre sí hablando una lengua desconocida. Se escuchaba como un canto. Todas con sus voces perfectas. Era una melodía hermosa que nunca antes había escuchado.
-Bueno, te vamos a explicar. Todas estas personas que puedes ver eran como tú. Mudas e inocentes. Ellos aun no habían muerto en la Tierra, tenían oportunidad de regresar, si lo aceptaran. Pero ninguno de estos lo quiso realmente. Y tú tienes tiempo hasta hoy en medianoche, cuando salga la luna llena, aceptar tu otra vida en la Tierra y seguirla viviendo…- De nuevo se me salieron las lagrimas, miré a Arco Iris que me miraba con tristeza y me abrazó.
-Todos ellos seguirán sufriendo hasta que toda su sangre haya abandonado su cuerpo.- Fue lo último que dijo la rata. Me fui corriendo con Arco Iris de regreso a la ciudad. Me puse a pensar, que no tenía otra opción, solo podría regresar. No sabía cómo será mi vida en la Tierra. ¡Pero decidí por completa! Esperé a la luna llena. No era blanca, era, completamente ¡Roja! Roja como la sangre. Alcé mis brazos para tocar mi corazón que latía, diciéndome cual sería el camino correcto para elegir. De repente sentí algo, algo extraño en mi. Yo podía hablar. ¡¡Tenia voz!! –Arco Iris muchas gracias por tu compañía, te voy a extrañar, pero deja que otras persona escojan su camino correcto, ¡Nunca te olvidaré!- Mi voz era hermosa. –Claro mí… ¡OH! ¿Cómo es tu nombre?-me preguntó Arco Iris. –No lo sé, pero desde ahora me llamare Día, como solo estuve aquí un solo día. Me voy, adiós mi amigo.- Me despedí de él. –“Adiós, adiós”.- Igual Arco Iris se despidió de mi. Cerré mis ojos y sentí como la sangre en mi aceleraba. Y de repente abrí los ojos. Vi muchas caras desconocidas alrededor de mí.
-¡¡¡Día!!!- Gritó una persona. ¿Pero como supo mi nombre? Ya no entendía nada. – Mi hija, Día estas de regreso, pensaba que ya te había… ¡perdido!-
¿Mi mama? - No, no, no, yo no conozco a nadie de ustedes, déjenme en paz- les grité.
Las diferentes caras me miraban asustadas. Intenté muchas veces decírselo, pero me creyeron loca. Dijeron que no me podían soportar, así que me mandaron a un Manicomio, aunque yo no quería, se sentía horrible.
Ahí me había quedado el resto de mi vida hasta que fallecí el 11 de febrero de 1986, en un mundo terrible. Pero en ese mismo día, nada más yo lo sabía, tenía mi secreto, reviví en un mundo fantástico. Ahí lleno de colores. Ahora estaré aquí para la eternidad con mi mejor amigo Arco Iris.
Ahí permanecí en la gran, gran y hermosa ciudad de “arco iris”.